LA MUñECA DE LAS PESADILLAS




Otro perturbador relato nace en las calles del Barrio Libertador, y no teniendo más de un año de sus últimos avistamientos. La leyenda trata de una fantasía de toda niña pequeña, de la existencia de una muñeca de tamaño natural. Esta historia poco o nada tiene de parecido con las historias deformadas del cine estadounidense, esta muñeca tenía un aspecto maravilloso, que no permitía sospecha de maldad alguna. De bello rostro y cabellos rojizos oscuros, largas pestañas y labios rojos sonrientes. Vestía una blusa blanca de botones antigua, una falda corta de cuadros color rojo y un par de tacones.

La leyenda de la muñeca de las pesadillas surge cuando por las noches parecía molestar a los habitantes donde se encontraba. Una de las niñas comenzó a quejarse que llevaba múltiples noches en que soñaba con dicha muñeca causándole pesadillas y siendo presa de persecuciones por ella. Que al quedarse sola, sentía una mirada pesada proveniente del juguete y que parecía seguirle con la mirada. Motivo por el cual, el padre de la pequeña decidió botarla a la calle y se fuera en la basura.

Pero la historia no terminó ahí, pues la muñeca fue recogida por una niña vecina de la propiedad, que encantada por el tamaño de la muñeca decidió llevársela a casa. Se le miraba a la niña encantada con el nuevo juguete; bailando con ella y hablándole como si de verdad tuviese una amiga. La llevaba de las manos y paseaba por cada una de las habitaciones. El padre le preguntó de dónde había sacado eso, a lo que la niña respondió, que la habían dejado en la calle. No viendo ningún inconveniente, se contentó con mirar la felicidad de su hija con su nuevo juguete.

Durante esa noche no hubo ningún incidente digno de mencionar. Sin embargo, la dicha no fue duradera. La niña colocó la muñeca en la tercera habitación, misma que servía como taller de su padre, el hombre notó una extraña sensación mientras trabajaba dando la espalda al juguete. La incomodidad fue tal, que decidió observarla por un rato. Por su trabajo, pasaba constantemente de su habitación a la puerta de la casa, y sentía algo pesado o como si algo se moviera mientras pasaba. Esto provocó que tomara la muñeca y la llevara a la habitación de su hija. Pero no acabó allí, pues el mismo desespero continuó cada vez que pasaba. Durante los días siguientes, el padre sentía escalofríos al tener que pasar por la habitación, como si lo observasen, creando una sensación de desasosiego. Sin embargo, la niña no mostraba señales de algo anti-natural, por el contrario, se le miraba encantada con el juguete.

Una noche, el hombre dormía a solas, pues su mujer había salido de viaje. Los niños dormían en la habitación siguiente. Esa noche fue incomoda, no conciliaba el sueño, sentía un calor pesado y aire seco, cuando por fin quedó dormido, se despertaba a menudo sorprendido por peleas de gatos en el tejado, y después un sórdido silencio, como si todo quedase quieto. Ya entrada la madrugada consiguió dormir  hasta que algo lo despertó. El hombre entreabrió los ojos al sentir una presencia a los pies de la cama, asomándose al toldillo con el rostro pegado a la tela. El hombre levantó la cabeza un poco pensando que era su hija que se había despertado con sed, buscó sus anteojos para mirar la hora. “¿Qué pasó, hija?” preguntó el hombre restregándose los ojos, no recibió respuesta. Se colocó las gafas y volvió a mirar sin encontrar nada ahí. Se extrañó, había sido muy claro lo que había visto ahí parado frente a sus pies. Se levantó, encendió la luz y revisó la habitación sin hallar nada.

El hombre corrió entonces a la habitación donde dormían los niños. Miró la cama del niño, dormido. Se dirigió a la cama de la hija y la encontró dormida profundamente, con el toldillo prensado. ¿Si no había sido ella, a quién había visto a los pies de su cama mirándole? Y a un costado, la dichosa muñeca; un frió le recorrió la columna vertebral e intentó no mirarla directamente. Por un momento pensó en tomarla y echarla a la calle, algo en su interior le decía que ese diabólico juguete algo tenía que ver con lo que le había sucedido. Pero no lo hizo, prefirió esperar a que amaneciera y tomar una decisión al respecto. De sobra esta mencionar, que no durmió nada hasta el amanecer.

Por la mañana, le pidió a la niña que llevara la muñeca donde la había encontrado, no deseó darle mayor explicación para evitar algún susto mayor. El creía que el juguete no había hecho nada contra su hija debido al trato que ella le daba. La niña a regañadientes la llevó antes de irse a la escuela y le depósito a un costado de un árbol donde la encontró, ahí la dejó parada y no supo más de ella.

La historia continuó cuando otra vecina del barrio tomó la muñeca, la vistió, la peinó y constantemente le hablaba. La llevó hasta la cocina, donde permaneció por largo tiempo. Hasta que algunos de sus hijos le recriminaban de tener esa muñeca en la cocina, que sentían como si los contemplara cuando entraban en el recinto. Ella para evitar el problema decidió girarla hacia la pared y así no la vieran. Pero los problemas y molestias parecieron continuar, la señora pareció tomar conciencia de algo malo que había con esa muñeca y tomó una decisión más drástica. Por la mañana, desarmó la muñeca,  la metió en una bolsa y la tiró a la basura. Ese fue el fin de dicha leyenda; pero la pregunta ahora sería: ¿cuántas muñecas más como esta hay allí afuera en la habitación de alguna niña, o de su propia hija? ¿Quién encontró esa muñeca y en dónde está ahora causando espanto?



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